En ningún momento pedí sufrir por nadie, y sin embrago, aquí estoy otra vez. Vez tras vez, tropiezo con la misma piedra y cada vez me cuesta más levantarme. Cada vez que me levanto, creo atisbar algo de luz sobre mi camino. Pero esa luz se apaga, y yo vuelvo a sumirme en mi abismo.
Las cosas aparecen cuando estés preparadas para ello, suelo decirme.
¿Porqué has aparecido, entonces? ¿Sigo sin estar preparada?
Ya predije lo que nos pasaría. Se está cumpliendo. En el fondo, quería equivocarme.
Quería desesperadamente que no fuera verdad, que nada cambiara. Pero otra vez me doy con un canto en los dientes.
¿Qué hago? ¿Te doy por perdido? Si es que alguna vez estuviste ahí...
No, nunca lo has estado. Quería que fuese así, pero no. Otra vez, no.
Están muy claras tus prioridades, siempre lo han estado. Pero yo quise hacerme ilusiones, y pensar cosas que no eran.
Es la manera en la que me siento cuando hablo contigo, esa sensación burbujeante que me provocas, que me cuesta pensar que todo haya sido cosa de mi mente. Queremos cosas distintas. Tú ni si quiera quieres algo.
Pero aun así, gracias por hacerme experimentar cosas que antes no había sentido. Gracias por un verano inolvidable. Gracias por ser omnipresente, y estar sin estar.
Gracias por todo eso, y porque irrevocablemente, estoy enamorada de ti hasta lo más profundo de mi ser. Lo único que puedo permitirme pedirte, es que por favor, no me olvides. De la misma manera que me has dejado huella, deja que la mía en tu vida persista por mucho tiempo. Quién sabe, igual dentro de muchos años te acuerdas de la enana con la que un día cruzaste una palabra. Y entonces, tengas nostalgia y sonrías como sonreías ahora.
A pesar de no haber compartido muchas cosas contigo, hay algo que sí quiero compartir:
Te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario