Te echo tanto de menos...
Tú ni siquiera te percatas de lo importante que has llegado a ser en mi vida, así, sin quererlo.
Ha pasado un mes desde que te fuiste, y pensé que todo seguiría igual. Que empezaras a hablarme como hacías a diario. Que me dijeras lo mucho que te gustaba, y me soltaras algún cumplido de vez en cuando. Que nos riéramos de cualquier chorrada que pudiera decirte. Que me enviaras canciones, o vídeos de Loulogio con los que nos partimos la caja. Que me llames "chiquitaja", "chiqui", "tonti" y demás. Incluso que me corrijas cuando suelto una burrada, porque al fin y al cabo, ocho años de diferencia son un abismo.
De eso me doy cuenta ahora.
Y pensarás que esto que estoy escribiendo es una soberana gilipollez, que lo es, pero necesito desahogarme.
¿Te acuerdas de nuestras conversaciones por Skype? Solían terminar con una videollamada (porque te insistía mucho) las releo cada vez que puedo. Sigo sonriendo a pesar de saberme algunas cosas de memoria. Vuelvo a evocar cada instante, a verme a mí sentada frente a la pantalla del portátil, mordisqueando un boli y quejándome de lo mal que se veía tu cam.
Y a verte a ti, con esa sonrisa que es capaz de hacer que mi corazón de brincos. Incluso cuando te pones a hacer el chorra poniendo caras o imitando voces.
Cada vez que me pongo a recordar alguna de esas tardes, se me oprime el pecho. Ya no volverá a ser así. Las únicas veces que he intentado hablar contigo no ha pasado de un saludo y un "¿cómo va todo?" puramente cortés. Es como si al dejar atrás España, hubieses olvidado lo que puedas tener allí. No, miento, sólo me has olvidado a mí. Supongo que es algo que ya tenía asumido, creo que fui sólo un capricho. No hace falta que de muchos detalles de esas conversaciones subiditas de tono que teníamos. Desde el principio, ibas a lo que ibas. No te culpo, ni te lo reprocho.
A fin de cuentas, ¿qué otra cosa iba a querer un chaval de veintidós años de una chica de quince?
Nunca hemos hablado de lo que somos el uno para el otro. ¿Un rollo? ¿Amigos? Hace tiempo que quiero preguntártelo, pero siempre me echa para atrás la idea de que pueda agobiarte con mis cosas. O el hecho de que me rechaces...
Cuando te encontré en Facebook, ni siquiera te estaba buscando. Me saliste cuando busqué contactos en el móvil. Y pasó una semana casi mientras me decidía a agregarte o no. Pero decidí hacerlo.
Se te ve genial por allí, haciendo amigos, yendo por ahí de parranda (cuando vas), conociendo la cuidad... Y mientras, yo como una idiota mirando el Facebook cada cinco minutos esperando ver alguna novedad tuya.
La relación rara que tenemos, va a ir enfriándose con el tiempo. Voy a estar muy ajetreada con el curso; preparando exámenes, haciendo deberes, estudiando, saliendo... Y tú simplemente estando allí, con todo lo que hay que ver por esos lares, no tendrás tiempo para algo tan insignificante como lo pueda ser yo. Eventualmente te irás olvidando cada vez más de mi, yo no podré decir lo mismo. No te irás para siempre, pero todo será diferente cuando vuelvas. Esas ganas que tenías de verme habrán desaparecido, y yo seré el recuerdo de lo que sucedió un verano como cualquier otro. Siempre tienes algo que hacer cuando intento hablarte. Me siento ridícula, no dejo de pensar en qué estoy haciendo conmigo.
No intento que me prestes toda la atención del mundo, ni reprocharte que no me hagas tanto caso como antes. Porque no somos nada para que pueda tener ese derecho, ¿No?
Pero quiero que sepas que sigo aquí, y seguiré aquí cundo vuelvas si todavía quieres algo de mi. Las cosas cambian, pero no tenemos porqué cambiar con ellas.
De tu chiquitina, ¿quién sino?
No hay comentarios:
Publicar un comentario