Estuvimos las dos dando vueltas por aquella tienda media hora hasta que llegasen ellos. Estabas nerviosa. Jugueteabas con la cremallera de tu sudadera y mirabas todo el rato fuera para ver si les veías llegar. En los ojos tenías un brillo especial, de esos que solo tienes cuando esperas algo, en este caso a alguien, muy importante para tí.
Y al fin, aparecieron. Apenas reconocí a ninguno, sólo al que había sido mi amigo durante tántos años, que ahora era el tuyo. Claro, luego estaba él. Ese chico espigado y de pelo enmarañado del que tanto me habías hablado. Te saludaron todos y tú sonreíste y le devolviste el saludo. Mi amigo estuvo hablando conmigo un ratito, y tú hablabas en general con los otros tres. Ese día te habías puesto un falda, que era muy raro y ellos se sorprendieron. Salimos de la tienda y nos fuimos rumbo a ningún sitio en particular. Yo iba a tu lado, y me quedé boquiabierta cuando él te cogió del brazo mientras bromeaba con los otros. Sin querer, miraste al suelo y comprendí que aquello te dolía. Se soltó después, y yo aproveché para preguntarte por ese gesto. "Lo hace siempre" dijiste "pero no es nada. No hay nada detrás."
Volvió él a cogerte del brazo y sonrió. Tú sonreíste de vuelta. Aunque auello fuese una mentira y te doliese pensar que no era real, te gustaba tenerle cerca. Te gustaba que se acercase a tí y bromeara contigo. Tanto te gustaba que no podías separarte. Y eso es lo que más daño te hacía. El resto de la tarde transcurrió de la misma forma. Volví a preguntarte si
estabas segura de que no había nada, y tu respondiste que estabas segura, y yo te dije que no era normal actuar así. Por un momento, creí ver una sonrisa, pero volviste a estar seria. Cuando se acabó la tarde, y volvimos al coche, te observé en silencio. Mirabas por la ventana, pensativa. Volvías a juguetear con la cremallera de la sudadera. Una lágrima se asomó y cayó por tu mejilla. Ahí estabas, llorándo en silencio, aguantando el tipo para no venirte abajo, como una princesa de hielo que no quiere derretirse con el calor de una lágrima.
martes, 26 de abril de 2011
El sendero.
-No te salgas del sendero.
-¿Por qué?
-No hagas preguntas. Ven.
KV llevó al chico hasta donde se erguían los enormes árboles del fondo, esos a los que no se le había permitido acercarse. Hasta ese momento. KV agarró a Liam de la mano, y con respiración pesada continuaron la marcha a través de los árboles.
-KV, ¿Dónde me llevas? Llevamos toda la mañana caminando, y todavía no sé dónde vamos. Ni por qué. Y no sé por qué no me puedo salir del sendero, es solo un sendero y...
-¡Te he dicho que no hagas preguntas, Liam! - KV se puso a la altura de él, y le miró con sus enormes ojos. -Limítate a hacerme caso. Es más, ahora no deberíamos estar hablando.
-¿Por qué?
-¡Chssst! ¡Calla!
-KV... ¿A quién tienes miedo? -KV resopló, y llevó al niño a sentarse en un tocón podrido. Ella se sentó, como de costumbre, en el suelo. Eso sí, sin apartarse del sendero.
-De los Merodeadores, Liam. Ellos son de quienes tengo miedo, y tú por tu bien también. ¿No te has fijado en que el sendero está siempre iluminado? - Liam asintió. Desde el mismo día que llegó allí, en lo primero en lo que se fijó fue en el misterioso sendero, del color de ese mismo tocón podrido pero en el que siempre estaba reflejado el sol. -Pues bien. Los Merodeadores son criaturas nocturnas, de enormes dientes y garras afiladas, y los ojos blancos. Tienen miedo de la luz, y mientras permanezcas en el sendero, estás a salvo. Ni si quiera en el pueblo estamos seguros. Todos esos cadáveres, de gente de allí, fueron los Merodeadores. - Liam recordó sin querer los cuerpos brutalmente mutilados de Likoy, Sandraskan, Yopian... Todos ellos eran sus amigos, pero el motivo del asesinato se le había mantenido oculto. Recordó sus cuerpos sangrientos, su mirada asustada, pero congelada por el frío de la muerte... Una lágrima resbaló sin querer por su mejilla, y KV se la limpió con la zarpa.
-Por eso estamos huyendo... ¿verdad?
-No, no estamos huyendo. Te estoy salvando, Liam. En el pueblo, todos creen que eres... "especial". Queremos salvarte por que creemos que tienes un don. -Liam se quedó perplejo.
-¿Qué... qué don, KV? Creéis que soy especial por que no soy como vosotros. Soy humano, o algo así. Vosotros sois una especie de monstruo bueno, que vivís en esta isla tan rara con un sendero luminoso y otros monstruos malos que quieren mataros. Dime que yo soy el especial. -KV rió. Su risa era una mezcla entre un claxon de coche antiguo y el sonido que hace una ballena para comunicarse. Cada vez que ella reía, Liam sentía ganas de reír también. Era el don de KV, hacer sentir bien a la gente. Todos los morgler, habitantes de la isla, tienen un don. -Y... si todos tenéis un don... ¿qué importo yo? Sólo seré uno más...
-¿Por qué?
-No hagas preguntas. Ven.
KV llevó al chico hasta donde se erguían los enormes árboles del fondo, esos a los que no se le había permitido acercarse. Hasta ese momento. KV agarró a Liam de la mano, y con respiración pesada continuaron la marcha a través de los árboles.
-KV, ¿Dónde me llevas? Llevamos toda la mañana caminando, y todavía no sé dónde vamos. Ni por qué. Y no sé por qué no me puedo salir del sendero, es solo un sendero y...
-¡Te he dicho que no hagas preguntas, Liam! - KV se puso a la altura de él, y le miró con sus enormes ojos. -Limítate a hacerme caso. Es más, ahora no deberíamos estar hablando.
-¿Por qué?
-¡Chssst! ¡Calla!
-KV... ¿A quién tienes miedo? -KV resopló, y llevó al niño a sentarse en un tocón podrido. Ella se sentó, como de costumbre, en el suelo. Eso sí, sin apartarse del sendero.
-De los Merodeadores, Liam. Ellos son de quienes tengo miedo, y tú por tu bien también. ¿No te has fijado en que el sendero está siempre iluminado? - Liam asintió. Desde el mismo día que llegó allí, en lo primero en lo que se fijó fue en el misterioso sendero, del color de ese mismo tocón podrido pero en el que siempre estaba reflejado el sol. -Pues bien. Los Merodeadores son criaturas nocturnas, de enormes dientes y garras afiladas, y los ojos blancos. Tienen miedo de la luz, y mientras permanezcas en el sendero, estás a salvo. Ni si quiera en el pueblo estamos seguros. Todos esos cadáveres, de gente de allí, fueron los Merodeadores. - Liam recordó sin querer los cuerpos brutalmente mutilados de Likoy, Sandraskan, Yopian... Todos ellos eran sus amigos, pero el motivo del asesinato se le había mantenido oculto. Recordó sus cuerpos sangrientos, su mirada asustada, pero congelada por el frío de la muerte... Una lágrima resbaló sin querer por su mejilla, y KV se la limpió con la zarpa.
-Por eso estamos huyendo... ¿verdad?
-No, no estamos huyendo. Te estoy salvando, Liam. En el pueblo, todos creen que eres... "especial". Queremos salvarte por que creemos que tienes un don. -Liam se quedó perplejo.
-¿Qué... qué don, KV? Creéis que soy especial por que no soy como vosotros. Soy humano, o algo así. Vosotros sois una especie de monstruo bueno, que vivís en esta isla tan rara con un sendero luminoso y otros monstruos malos que quieren mataros. Dime que yo soy el especial. -KV rió. Su risa era una mezcla entre un claxon de coche antiguo y el sonido que hace una ballena para comunicarse. Cada vez que ella reía, Liam sentía ganas de reír también. Era el don de KV, hacer sentir bien a la gente. Todos los morgler, habitantes de la isla, tienen un don. -Y... si todos tenéis un don... ¿qué importo yo? Sólo seré uno más...
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